miércoles, 18 de julio de 2007
¿Descanso? ... Sí, aunque canse un poco
Sucede que en esta época del año, combinando la jornada intensiva con el hecho de que prestamos a nuestras hijas por unos días a alguna de sus tías (¡muchas gracias, por cierto!), debería tener mucho más tiempo de lo habitual para no hacer nada, que es una de las cosas que más me gusta.
Sucede que debo de tener algún gen que, según me voy haciendo mayor, me hace parecerme cada vez más a mi madre y buscar pequeñas ocupaciones excepcionales para cuando no tengo la presión del día a día, de tal forma que creo que he estado menos tiempo sentado en el sofá en los dos últimos días, que en los equivalentes de la pasada semana, en los que supuestamente estaba más ocupado.
Sucede que, siguiendo el ejemplo familiar que siempre he criticado, he iniciado una especie de "cruzada veraniega por el orden y la limpieza" y he hecho cosas inverosímiles para cualquiera que me conozca, como ordenar un poco el trastero, aspirar y limpiar "al vapor" los asientos del coche, ... incluso alguna cosa más que ahora no recuerdo.
Sucede que no sé cómo la gente puede tenerle miedo al aburrimiento y la falta de actividad asociada al tiempo libre. Con los años, cada vez encuentro más fácil rellenar ese tiempo supuestamente libre de miles de actividades, que, aunque no son especialmente placenteras (bueno, confieso que algunas sí, y mucho), desde luego, sí que garantizan que no me aburra.
Sucede que esa constante confirmación de que tiempo libre no es sinónimo de inactividad o aburrimiento, me hace reafirmarme en una de mis más firmes convicciones: el estado ideal del ser humano, o al menos el mío, es el de rentista (jubilado, pensionista o variantes, como la de ser directamente millonario). Seguro que, en el caso de llegar rápidamente a ese estado, se me ocurrirían miles de actividades, alguna incluso interesante, para rellenar el ocio sin tener que competir con el trabajo obligatorio.
Sucede que ... no me acaba de tocar la lotería para poner en práctica mi teoría y demostrar a todo el mundo que tenía razón.
...
lunes, 9 de julio de 2007
Les parapluies de Cherbourg
Hace ya más de dos semanas disfruté de un compendio o cóctel de vida francesa francamente inmejorable (el mundo cosmopolita de París y el de ciudad de provincias de Cherbourg), que han confirmado determinadas intuiciones que ya tenía.
He decidido agrupar alguna de esas sensaciones o descubrimientos bajo un único "título paraguas" en el más literal sentido del término y, como ya viene siendo costumbre en mí, he robado el título prestado de una película francesa de 1964: Los paraguas de Cherburgo o, mejor en este momento afrancesado de mi existencia, Les parapluies de Cherbourg.
Estos son algunos de mis descubrimientos confirmados:
- Que los franceses medios son las personas de este mundo que mejor dominan la técnica de parecer que hablan de las cosas más profundas y glamourosas cuando están hablando de algo tan cotidiano y vulgar como reparar el grifo del baño o verificar el horario del tren.
- Que esta pose es contagiosa: al cabo de unos días hablando francés acabas teniendo la impresión de estar estirando los músculos de la cara más de lo recomendable y que se te pone esa cara de los franceses tan especial (¿de estirados?).
- Que si una película, que se titula "Los paraguas de ...", está ambientada en una tienda de paraguas de Cherbourg es porque allí llueve todo el tiempo (a mí me llovió encima y con bastante saña) y a todo francés medio le parece lo más normal que haya una tienda de paraguas en esa ciudad y que sea un buen negocio.
- Que, aparte de agua en forma de mar y más agua en forma de lluvia, no hay mucho más en esa ciudad.
- Que los franceses son capaces de aprovecharse mejor que nadie del glamour casual o sobrevenido y, además de vender, por ejemplo, visitas guiadas al túnel donde se estrelló Lady Di, son capaces de crear paraguas con denominación de origen Cherbourg (en serio) e intentar colocártelos a 100 € la unidad, sólo porque Catherine Deneuve hizo allí una película con paraguas.
- Que París junto al Sena es muy parecido a una postal sobre París.
- Que, si nos fiamos de lo que se ve en el aeropuerto de Orly, Disneyland París y el resto de los parques de atracciones del entorno (como Asterix) deben de estar llenos de españoles. Bastante jóvenes y gritones, por cierto.
- Que las estaciones de tren tienden a ser un poco tristes y destartaladas, incluso en Francia.
- Que en el metro de París puedes ver al mismo tiempo unos pasillos y andenes cutres y un coro de aspecto de aspecto tirolés, con más de una docena de integrantes limpios, bien alimentados y vestidos con sus mejores galas y cantando como si fuera en serio, acompañados de una tarjeta bien visible con la correspondiente autorización municipal para estar allí.
- ...
...
viernes, 6 de julio de 2007
Madurez creativa
Siempre he pensado que los autores que ya han llegado a determinados niveles de calidad con sus obras y, además, han ganado suficiente dinero con ellas para no necesitar urgentemente publicar cualquier cosa para poder vivir, tienen la obligación de no prodigarse demasiado y seleccionar muy bien lo que van a publicar antes de hacerlo.
No sería la primera vez que una carrera literaria con una primera o primeras obras muy prometedoras, se hunde por una continuación mediocre.
Es mejor reposar, volver a acumular suficiente creatividad y trabajo para que la segunda y siguientes obras estén a la altura de las primeras o, en el peor de los casos, no queden muy por debajo. Así se alcanza una madurez creativa que garantiza la duración del respeto y quizás admiración por parte de tus lectores.
Lo que es absurdo es que aplique ese criterio a mí mismo: ni he alcanzado ese nivel de calidad creativa, ni tengo un público al que no deba defraudar (o por lo menos es un público tolerante, espero).
Llevo unos cuantos días, ya semanas, sin escribir nada en este blog porque no se me ocurre nada que esté a la altura de uno o dos post de los escritos anteriormente y de los que me siento satisfecho (sólo un poco).
Supongo que lo bueno de un blog es que uno no está construyendo una obra literaria en un sentido estricto. Se parece más a un cuaderno de borradores en el que uno va poniendo cosas y que puede llegar a borrar en caso de necesidad o de "vergüenza sobrevenida". Como muchas otras cosas en esta cultura actual, es "de usar y tirar". Ese es parte del encanto de este medio, porque te da una libertad que no puedes despreciar, aunque sea un poco cercana a la irresponsabilidad creativa.
En cierto modo me debo a mi lector (y lo digo en singular porque hay muchos días en que sólo tengo una visita) y me imagino que tiene que ser muy frustrante asomarte todos los días a una página en la que no pasa nada.
Lo que me propongo hacer es algo parecido a lo que sucede en esa situación triste y algo humillante de cuando nadie se acuerda de felicitarte por tu cumpleaños o por Navidad. Cuando te llega la "felicitación mercenaria" de unos grandes almacenes o de el banco, en cierto modo, te sientes un poco menos olvidado. Es verdad que no es ni la mitad de buena que las felicitaciones de calidad, las de las personas a las que quieres y que sabes que lo hacen con sinceridad. Pero ese sucedáneo es un consuelo, aunque desvirtuado, y es mejor que nada.
Así que he tomado la decisión de escribir cualquier cosa y llenar de posts este blog moribundo: cosas breves, ocurrencias sin desarrollar, simples frases, ...
Se parecerán un poco a esos sucedáneos de los que estoy hablando, pero os pido comprensión.
Al fin y al cabo, tengo la ventaja de que sólo soy una "promesa literaria" que no ha llegado a su "madurez creativa".
...
No sería la primera vez que una carrera literaria con una primera o primeras obras muy prometedoras, se hunde por una continuación mediocre.
Es mejor reposar, volver a acumular suficiente creatividad y trabajo para que la segunda y siguientes obras estén a la altura de las primeras o, en el peor de los casos, no queden muy por debajo. Así se alcanza una madurez creativa que garantiza la duración del respeto y quizás admiración por parte de tus lectores.
Lo que es absurdo es que aplique ese criterio a mí mismo: ni he alcanzado ese nivel de calidad creativa, ni tengo un público al que no deba defraudar (o por lo menos es un público tolerante, espero).
Llevo unos cuantos días, ya semanas, sin escribir nada en este blog porque no se me ocurre nada que esté a la altura de uno o dos post de los escritos anteriormente y de los que me siento satisfecho (sólo un poco).
Supongo que lo bueno de un blog es que uno no está construyendo una obra literaria en un sentido estricto. Se parece más a un cuaderno de borradores en el que uno va poniendo cosas y que puede llegar a borrar en caso de necesidad o de "vergüenza sobrevenida". Como muchas otras cosas en esta cultura actual, es "de usar y tirar". Ese es parte del encanto de este medio, porque te da una libertad que no puedes despreciar, aunque sea un poco cercana a la irresponsabilidad creativa.
En cierto modo me debo a mi lector (y lo digo en singular porque hay muchos días en que sólo tengo una visita) y me imagino que tiene que ser muy frustrante asomarte todos los días a una página en la que no pasa nada.
Lo que me propongo hacer es algo parecido a lo que sucede en esa situación triste y algo humillante de cuando nadie se acuerda de felicitarte por tu cumpleaños o por Navidad. Cuando te llega la "felicitación mercenaria" de unos grandes almacenes o de el banco, en cierto modo, te sientes un poco menos olvidado. Es verdad que no es ni la mitad de buena que las felicitaciones de calidad, las de las personas a las que quieres y que sabes que lo hacen con sinceridad. Pero ese sucedáneo es un consuelo, aunque desvirtuado, y es mejor que nada.
Así que he tomado la decisión de escribir cualquier cosa y llenar de posts este blog moribundo: cosas breves, ocurrencias sin desarrollar, simples frases, ...
Se parecerán un poco a esos sucedáneos de los que estoy hablando, pero os pido comprensión.
Al fin y al cabo, tengo la ventaja de que sólo soy una "promesa literaria" que no ha llegado a su "madurez creativa".
...
lunes, 18 de junio de 2007
Atrapado en el tiempo 2
Vuelve a ser un lunes de relativa derrota.
No es que me importe mucho el fútbol, de hecho no me interesa más que muchas otras cosas sin las que podría vivir y no sentir ninguna carencia. Sin embargo, no me gusta ver como el Real Madrid gana una liga y despierta los peores instintos o tendencias "madriles" de algunos de mis más infectos conciudadanos. Especialmente si, el mismo día, la hazaña épica del Athletic es sobrevivir y evitar caer en la humillante segunda división.
Tampoco es nada agradable ver que en mi pueblo, el de verdad, unos concejales electos no hayan querido o no se hayan atrevido a ir a recoger sus actas de concejal porque los de siempre, que creen estar por encima del bien y del mal, vuelven a ejercer su amenaza mafiosa, que es el lenguaje que mejor dominan.
Tengo que unir eso a un sopor mental digno de mayores esfuerzos y vuelvo a encontrarme en un estado muy similar al de hace ya tres lunes (aquel que describía en el post de "Atrapado en el tiempo" y que, os recuerdo, era un lunes post electoral):
- Han ganado los otros (por el tema 1).
- Sigo sin entender lo imbécil que puede llegar a ser la gente y extiendo mi frase de entonces, "no parece que haya solución para los madrileños", a "tampoco parece que haya solución para algunos (desgraciadamente bastantes) de mi pueblo" (esto se aplica al tema 1 y al 2).
- Además, vuelvo a sentirme como una marmota (esto se aplica a mí mismo).
- Finalmente, pero lo más importante de todo, ¿por qué no me ha tocado el Gordo tampoco este domingo? (esto puede aplicarse a mí, mi familia y otros allegados, que se habrían visto beneficiados por mi repentina riqueza).
Como veis, como los peores directores de cine, estoy haciendo un remake malo de un original malo. Si no fuera porque alguna de las cosas que digo son muy serias, hasta parecería una mala parodia. Desgraciadamente, no alcanza a ser comedia, como mucho tragicomedia.
¿Será esta repetición de estado anímico un castigo por haber escrito aquel post irrespetuoso sobre historias que se repiten?
Ya se sabe que es muy peligroso jugar con las palabras. Supongo que todavía es más peligroso si se trata de palabras que, así puestas unas junto a otras, son títulos (igual infrinjo hasta derechos de autor y viene algún abogado a demandarme).
Pero, si no jugamos con las palabras, ¿con qué vamos a jugar?
...
No es que me importe mucho el fútbol, de hecho no me interesa más que muchas otras cosas sin las que podría vivir y no sentir ninguna carencia. Sin embargo, no me gusta ver como el Real Madrid gana una liga y despierta los peores instintos o tendencias "madriles" de algunos de mis más infectos conciudadanos. Especialmente si, el mismo día, la hazaña épica del Athletic es sobrevivir y evitar caer en la humillante segunda división.
Tampoco es nada agradable ver que en mi pueblo, el de verdad, unos concejales electos no hayan querido o no se hayan atrevido a ir a recoger sus actas de concejal porque los de siempre, que creen estar por encima del bien y del mal, vuelven a ejercer su amenaza mafiosa, que es el lenguaje que mejor dominan.
Tengo que unir eso a un sopor mental digno de mayores esfuerzos y vuelvo a encontrarme en un estado muy similar al de hace ya tres lunes (aquel que describía en el post de "Atrapado en el tiempo" y que, os recuerdo, era un lunes post electoral):
- Han ganado los otros (por el tema 1).
- Sigo sin entender lo imbécil que puede llegar a ser la gente y extiendo mi frase de entonces, "no parece que haya solución para los madrileños", a "tampoco parece que haya solución para algunos (desgraciadamente bastantes) de mi pueblo" (esto se aplica al tema 1 y al 2).
- Además, vuelvo a sentirme como una marmota (esto se aplica a mí mismo).
- Finalmente, pero lo más importante de todo, ¿por qué no me ha tocado el Gordo tampoco este domingo? (esto puede aplicarse a mí, mi familia y otros allegados, que se habrían visto beneficiados por mi repentina riqueza).
Como veis, como los peores directores de cine, estoy haciendo un remake malo de un original malo. Si no fuera porque alguna de las cosas que digo son muy serias, hasta parecería una mala parodia. Desgraciadamente, no alcanza a ser comedia, como mucho tragicomedia.
¿Será esta repetición de estado anímico un castigo por haber escrito aquel post irrespetuoso sobre historias que se repiten?
Ya se sabe que es muy peligroso jugar con las palabras. Supongo que todavía es más peligroso si se trata de palabras que, así puestas unas junto a otras, son títulos (igual infrinjo hasta derechos de autor y viene algún abogado a demandarme).
Pero, si no jugamos con las palabras, ¿con qué vamos a jugar?
...
lunes, 11 de junio de 2007
Micro-post
Esta semana me temo que no estoy ni para mí mismo. El trabajo ha recuperado su perfil más "ladrón" de tiempo, incluyendo mi supuesto tiempo libre (ando un poco asfixiado, pero no puedo hablaros de trabajo, así que no puedo daros más detalles).
Creo que, por lo menos hasta el miércoles, no voy a escribir nada mejor que este micro-post.
Tendré que planificar alguna venganza terrible y hacer un post sesudo y de varios cientos de líneas tan pronto como pueda recuperar aire .
¿O preferís los posts cortos?
Es que, con visitantes que no opinan, nunca se sabe cómo acertar.
...
Creo que, por lo menos hasta el miércoles, no voy a escribir nada mejor que este micro-post.
Tendré que planificar alguna venganza terrible y hacer un post sesudo y de varios cientos de líneas tan pronto como pueda recuperar aire .
¿O preferís los posts cortos?
Es que, con visitantes que no opinan, nunca se sabe cómo acertar.
...
lunes, 4 de junio de 2007
Vida interior, naturaleza y braseros
Éste es un post que he empezado a escribir varias veces y en varios soportes (papeles sueltos, en un fichero previo, aquí) y que, hasta ahora, no había conseguido acabar. Incluso ahora no estoy seguro de si lo estoy acabando o, simplemente, me libro de él para no tener que seguir dándole más vueltas. Supongo que hay algo de pudor en esa dificultad para ponerlo por escrito. Me temo que es un poco más poético o sentimental de lo habitual y, lo confieso, me da un poco de vergüenza dejároslo leer.
La situación que describe ocurrió hace ya unas semanas y estaba esbozada en unos papeles sueltos que escribí entonces, pero se quedó sólo en esbozo. El problema es que los papeles andaban pasando de un bolsillo a otro desde entonces, sin que me decidiera a tirarlos. Así que, al final, he tomado la decisión de volver a intentarlo.
Se trata de un fin de semana que fue en si mismo una contradicción. Salíamos huyendo de un compromiso familiar (la típica comunión de una prima segunda a la que te invitan por compromiso) y nos encontramos cumpliendo con otro diferente. Aunque éste último era bastante más agradable de cumplir que aquel del que huíamos. Se trataba de la visita anual a las tías (y el tío) de A.
Pero está es sólo la primera de las contradicciones del fin de semana. Hubo más.
Una vez que te alejas del barullo de la carretera de La Coruña, se trata de un bonito viaje, especialmente desde Ávila y que aun mejora según te acercas al tramo final, en el que te encuentras bordeando la zona de Gredos. Si, como era el caso, te encuentras en plena primavera, el paisaje de sierra y dehesas, de encinas en flor y de todo tipo de plantas llenas de flores silvestres, intercaladas con enormes y caprichosos bloques de granito, todo al lado de una carretera a veces hasta menos que rural, tiene un encanto muy difícil de describir pero muy seductor.
Por lo tanto, el fin de semana empieza bien. Paramos en Piedrahíta, que es un pueblo con bastante encanto. Paramos también a "hacer pis", en medio del campo y sólo un kilómetro después, como suele suceder si viajas con niñas en edad de molestar. Nada diferente de lo habitual.
Es una pena que el final del trayecto baje bastante la media. El destino es un pueblo situado en un entorno natural privilegiado, pero que ha sabido crecer de espaldas a él. El resultado es, en algunas zonas del pueblo, mediocre y sin demasiado encanto y, en la mayor parte de él, directamente feo. Yo suelo decir que "murió de éxito". La riqueza, unida al mal gusto, tiende a producir un crecimiento urbano destructor y muy feo. Esto es más grave si uno tiene en cuenta que sólo con salir un poco al campo o a los pueblos, más pobres, de los alrededores, la cosa mejora espectacularmente.
Ésta es la segunda contradicción. Un sitio bastante feo, con un entorno natural especialmente bello.
Pero éste estaba destinado a ser un fin de semana de contrastes, así que continuaron las contradicciones, alguna de ellas menores, como que el sol primaveral dejó paso a unas tormentas que, sin previo aviso, convirtieron las calles en torrentes de montaña.
Pero entre todas ellas, destaca una que he sentido casi siempre que he estado por allí y que esta vez, creo que ayudada por el clima, sentí todavía con mayor intensidad.
Por una parte allí tengo una sensación muy fuerte de lo que puedo llamar "vida interior". No hablo de una sensación mística o de una profunda reflexión filosófica. Hablo más bien de una sensación de encierro. Una vida de mujeres mayores, encerradas en sus casas la mayor parte del tiempo. Atrapadas en sus recuerdos, en sus costumbres, en sus rutinas cotidianas y oscuras, en sus propias limitaciones físicas, en el tipo de ideología, de creencias, de vida que les han enseñado a vivir.
No puedo evitar sentir cierta claustrofobia. Una necesidad, sorda pero constante, de salir de allí y, al mismo tiempo, una sensación liberadora al saber que yo sólo estoy allí de paso, que esa no es la vida que me ha tocado en suerte.
Por otra parte, allí me resulta muy fácil contactar con la vida que está en el exterior, con la Naturaleza (así, en mayúsculas, como la escriben algunos panteístas). Sólo necesito salir a dar un paseo por la dehesa o hasta la orilla del "río", que en realidad es un embalse. Entonces, todo es abierto, luminoso, libre, ... Esta sensación sí que tiene algo de metafísico o espiritual. El campo abierto, la naturaleza un poco salvaje, el silencio ruidoso de los insectos y los pájaros, la primavera (o el verano o el otoño) adueñándose de esos espacios castellanos, ... Tumbado en la hierba, recostado contra un árbol o una roca, con todos los poros de la piel muy abiertos, podría dejar pasar las horas muertas respirando esa paz, esa sensación de plenitud, de libertad, de eternidad que sólo la naturaleza tiene.
Pero, incluso en esos momentos, no puedo evitar sentir cierta ansiedad. Una angustia, suave pero también constante, al saber que no puedo quedarme allí, no necesariamente en ese campo o en ese pueblo, pero sí pegado a ese mundo natural y auténtico. Al saber que yo sólo estoy allí de paso, que esa no es la vida que me ha tocado en suerte.
Ahora se me viene al recuerdo una de las primeras sensaciones que recuerdo de esas visitas. Debía de ser invierno, otoño o una primavera más temprana que la de esta última vez, porque hacía más frío, al menos dentro de las casas. Y recuerdo el interior de las casas porque allí se producía otra gran contradicción. La provocaban el brasero y la mesa camilla combinados con la temperatura relativamente baja del interior de las casas. Conseguían dejarme los pies ardiendo y la espalda helada. Todo al mismo tiempo.
En cierto modo, ese "calor frío" o ese "frío cálido" tenían algo de simbólico o premonitorio que entonces no supe percibir.
....
lunes, 28 de mayo de 2007
Atrapado en el tiempo
Siguen persiguiéndome los títulos con mensaje oculto.
Hace unos días volví a oír hablar de una película intrascendente, que recuerdo haber visto en un autobús hace ya muchos años y que había olvidado por completo. Se trata de Atrapado en el tiempo, con Bill Murray y, la entonces guapísima, Andie MacDowell. No me atrevo ni a recomendarla ni a no hacerlo, ya que confieso que no dejó en mí ninguna huella.
Supongo que será la película perfecta para verla en casa, después de comer y cuando la digestión haya reducido el riego sanguíneo del cerebro lo suficiente como para que te dé lo mismo ver un documental sobre el románico palentino, un programa de cocina, un culebrón o una película intrascendente.
Conozco ese estado físico-mental y me parece altamente recomendable no intentar ver o hacer nada profundo en esos momentos: podría tener peligrosos efectos secundarios no descritos en la actual literatura médica, pero no por ello menos dañinos.
Como, por una imprevisible carambola, esa película ha venido desde el "Emule" a mis manos (aunque parezca surrealista, estaba de relleno en un DVD que me pasaron con Babel ), es posible que próximamente ponga en práctica la teoría de que verla puede ser una buena opción para esos estados de baja actividad cerebral posteriores a la comida del sábado o domingo. Ya os contaré si ha funcionado.
(Por cierto, parece menos surrealista que Atrapado en el tiempo y Babel estén en el mismo lote, si uno conoce a los personajes culpables de ese "mestizaje". No puedo hablaros de ellos porque eso sería hablar de trabajo y ese es un tema prohibido en este blog, salvo caso de necesidad extrema.)
Ahora vuelvo a lo mío, que es que esta película me sirve para reflejar la sensación que he tenido al conocer los resultados en Madrid de las elecciones de ayer. No sé si lo sabéis o recordáis, pero la historia de Atrapado en el tiempo se basa en que su protagonista, por "arte de magia", se encuentra con que un mismo día se repite sin que avance la fecha. Como dato complementario, os recuerdo que se trata de El día de la marmota, que, por cierto, es el título original de la película.
Recuerdo que la mayor (¿o la única?) alegría que me supuso empadronarme en Madrid era la posibilidad de votar "contra Manzanares", como decíamos Mk. y yo, hablando del ínclito Álvarez del Manzano.
Desde entonces han pasado varias convocatorias electorales y continúa sin haber forma de librarse de que los alcaldes de Madrid y los presidentes de la Comunidad sean del PP.
Si el caso del alcalde mejoró un poco (pero muy poco) al cambiar a Álvarez del Manzano por Ruiz-Gallardón, el del presidente de la Comunidad, empeoró aun más, al traernos a la inefable e insufrible Esperanza en el lugar de Ruiz-Gallardón.
Hoy lunes, cuando me estaba despertando y oía en la radio que mis ilusiones de cambio no sólo no se habían cumplido, sino que incluso el PP había mejorado en sus resultados, no he podido evitar esa sensación de estar atrapado en el tiempo. Es como si la misma mañana post electoral se repitiera una y otra vez.
No parece que haya solución para los madrileños, que parecen dispuestos a votar a la derecha de forma indefinida.
Al mismo tiempo, no sé si por culpa de la hora o del día ... también me he sentido en El día de la marmota. Como veis, en un alarde de esnobismo, me he identificado tanto con la versión original-traducida como con la traducida-adaptada del título.
¿Tendré que hacérmelo mirar?
...
Hace unos días volví a oír hablar de una película intrascendente, que recuerdo haber visto en un autobús hace ya muchos años y que había olvidado por completo. Se trata de Atrapado en el tiempo, con Bill Murray y, la entonces guapísima, Andie MacDowell. No me atrevo ni a recomendarla ni a no hacerlo, ya que confieso que no dejó en mí ninguna huella.
Supongo que será la película perfecta para verla en casa, después de comer y cuando la digestión haya reducido el riego sanguíneo del cerebro lo suficiente como para que te dé lo mismo ver un documental sobre el románico palentino, un programa de cocina, un culebrón o una película intrascendente.
Conozco ese estado físico-mental y me parece altamente recomendable no intentar ver o hacer nada profundo en esos momentos: podría tener peligrosos efectos secundarios no descritos en la actual literatura médica, pero no por ello menos dañinos.
Como, por una imprevisible carambola, esa película ha venido desde el "Emule" a mis manos (aunque parezca surrealista, estaba de relleno en un DVD que me pasaron con Babel ), es posible que próximamente ponga en práctica la teoría de que verla puede ser una buena opción para esos estados de baja actividad cerebral posteriores a la comida del sábado o domingo. Ya os contaré si ha funcionado.
(Por cierto, parece menos surrealista que Atrapado en el tiempo y Babel estén en el mismo lote, si uno conoce a los personajes culpables de ese "mestizaje". No puedo hablaros de ellos porque eso sería hablar de trabajo y ese es un tema prohibido en este blog, salvo caso de necesidad extrema.)
Ahora vuelvo a lo mío, que es que esta película me sirve para reflejar la sensación que he tenido al conocer los resultados en Madrid de las elecciones de ayer. No sé si lo sabéis o recordáis, pero la historia de Atrapado en el tiempo se basa en que su protagonista, por "arte de magia", se encuentra con que un mismo día se repite sin que avance la fecha. Como dato complementario, os recuerdo que se trata de El día de la marmota, que, por cierto, es el título original de la película.
Recuerdo que la mayor (¿o la única?) alegría que me supuso empadronarme en Madrid era la posibilidad de votar "contra Manzanares", como decíamos Mk. y yo, hablando del ínclito Álvarez del Manzano.
Desde entonces han pasado varias convocatorias electorales y continúa sin haber forma de librarse de que los alcaldes de Madrid y los presidentes de la Comunidad sean del PP.
Si el caso del alcalde mejoró un poco (pero muy poco) al cambiar a Álvarez del Manzano por Ruiz-Gallardón, el del presidente de la Comunidad, empeoró aun más, al traernos a la inefable e insufrible Esperanza en el lugar de Ruiz-Gallardón.
Hoy lunes, cuando me estaba despertando y oía en la radio que mis ilusiones de cambio no sólo no se habían cumplido, sino que incluso el PP había mejorado en sus resultados, no he podido evitar esa sensación de estar atrapado en el tiempo. Es como si la misma mañana post electoral se repitiera una y otra vez.
No parece que haya solución para los madrileños, que parecen dispuestos a votar a la derecha de forma indefinida.
Al mismo tiempo, no sé si por culpa de la hora o del día ... también me he sentido en El día de la marmota. Como veis, en un alarde de esnobismo, me he identificado tanto con la versión original-traducida como con la traducida-adaptada del título.
¿Tendré que hacérmelo mirar?
...
jueves, 17 de mayo de 2007
Los paraísos perdidos.
Hace ya unos cuantos días, por casualidad, me llegó una noticia que hablaba del director de cine Basilio Martín Patino y que tenía uno de esos enlaces que no puedes dejar de pulsar. En este caso era a su página web personal, en la que, entre otras, se hablaba de una película titulada Los paraísos perdidos.
No sé por qué, pero últimamente me encuentro con títulos de libros o de películas que me sugieren cosas que conectan directamente con otras de mi vida cotidiana y que parecen propuestas para posts como éste. Parece como si hubiera creado, sin querer, una sección Los títulos de mi vida.
No recuerdo haber visto esa película. Por lo que dice su ficha, habla de una mujer que vuelve, muchos años después, al territorio de su infancia y se reencuentra con los lugares y personas que compusieron su entorno antes de su marcha, en este caso al exilio. En este contexto reflexiona, imagino que con mucha nostalgia, sobre "los paraísos perdidos".
Como decía Jorge Manrique, a veces parece que "todo tiempo pasado fue mejor" o que los únicos paraísos posibles son los perdidos. Algunas veces perdidos incluso antes de conseguirlos. Serrat también dice en su canción Lucía que "no hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí".
Parece como si hubiera una confabulación de poetas, cantantes y cineastas para hacernos creer que el paraíso está en nuestro pasado, en las cosas que hemos ido dejando atrás, en nuestra infancia, .... Se trata de un eslogan, que diríamos ahora, que tiene mucho éxito desde el principio de los tiempos. Por lo menos desde que existe la literaruta.
Todos sabemos que, en el fondo, es falso. Que en el pasado hemos tenido episodios tan desagradables, aburridos o tristes como alguno de los actuales. Y que, las que ahora parecen pasadas etapas de felicidad perfecta, no lo eran tanto. Por ejemplo, antes y al lado del primer beso adolescente, hay todo tipo de incertidumbres, miedos, ... hasta situaciones ridículas. La distancia y la nostalgia tienden a hacer que sólo recuerdes el beso y que olvides el resto de las situaciones vitales que lo rodearon y que, en realidad, fueron mucho más largas.
Algo parecido me sucede (creo que no sólo a mí) en mis periódicas visitas a mi paraíso perdido particular: mi pueblo, mi familia, ... . Recupero sólo la parte bonita de todo ello. Para mí es un lugar en el que siempre es fiesta o se está de vacaciones, casi siempre el clima resulta un alivio comparado con el que dejo en Madrid, me siento querido y acompañado por la familia, ... En resumen, casi sin quererlo, me fabrico una imagen idílica (tipo "fueron felices y comieron perdices") de la que no consigo librarme del todo a pesar de las dosis de realismo que intento aplicar.
Resultado: cada vez que salgo de allí con destino al previsible atasco de vuelta y al trabajo de los días siguientes, no puedo dejar de tener esa terrible sensación de, una vez más, estar siendo expulsado del paraíso.
Sé que es una sensación engañosa, que el paraíso al que cualquiera puede y debe aspirar está en su futuro. Que, cosa que me gustaría especialmente, puede estar allí, cerca de mis orígenes y mi familia, o en otro sitio. Que lo del pasado y la nostalgia son una especie de ilusión óptica, un ... engañabobos.
Eso lo sé, pero lo otro lo siento.
Deben ser muchos años de promoción de los dichosos "paraísos perdidos", pero cuando leí el título de la película, no pude evitar sentirme identificado.
...
lunes, 14 de mayo de 2007
Ausencia
Está claro que, para las actividades cotidianas, es mucho más productivo un entorno de normalidad.
Por si a alguien le había entrado la duda, no he abandonado este blog. Lo que sucede es que, durante unos días, he estado fuera de mi entorno habitual y se me han complicado un poco las cosas.
Se trata de ese tipo de "complicación" tan pernicioso para alguien como yo y del que ya hablaba en un post anterior. Consiste en que, como no encuentro el momento perfecto para pensar o escribir, voy dejándolo para otro rato en el que todo parezca más fácil. Como ese momento no acaba de llegar, resulta que descubres que han pasado diez días y no has escrito nada de lo previsto, a pesar de haber empezado varias veces a hacerlo y tener incluso alguna ¿buena? idea para un verdadero post.
Por el momento sólo hay esto: un "texto de circunstancias" para asegurarme de que mis pocos, aunque muy fieles, visitantes aguanten este periodo de sequía creativa.
No os prometo nada mejor en un periodo breve, ya que hoy vuelve a ser "lunes-viernes" en este mes de mayo madrileño tan festivo. Estas semanas alternativas, tan buenas para la salud, son muy malas para mi creatividad literaria.
Va a ser que necesito trabajar cinco días seguidos y en un mismo sitio.
Voy a tener que hacérmelo mirar.
...
Por si a alguien le había entrado la duda, no he abandonado este blog. Lo que sucede es que, durante unos días, he estado fuera de mi entorno habitual y se me han complicado un poco las cosas.
Se trata de ese tipo de "complicación" tan pernicioso para alguien como yo y del que ya hablaba en un post anterior. Consiste en que, como no encuentro el momento perfecto para pensar o escribir, voy dejándolo para otro rato en el que todo parezca más fácil. Como ese momento no acaba de llegar, resulta que descubres que han pasado diez días y no has escrito nada de lo previsto, a pesar de haber empezado varias veces a hacerlo y tener incluso alguna ¿buena? idea para un verdadero post.
Por el momento sólo hay esto: un "texto de circunstancias" para asegurarme de que mis pocos, aunque muy fieles, visitantes aguanten este periodo de sequía creativa.
No os prometo nada mejor en un periodo breve, ya que hoy vuelve a ser "lunes-viernes" en este mes de mayo madrileño tan festivo. Estas semanas alternativas, tan buenas para la salud, son muy malas para mi creatividad literaria.
Va a ser que necesito trabajar cinco días seguidos y en un mismo sitio.
Voy a tener que hacérmelo mirar.
...
viernes, 4 de mayo de 2007
¿"Semana blanca" o "semana en blanco"?
Ésta es una de las mejores semanas posibles si trabajas en Madrid, incluso aunque no tengas puente, como ha sido mi caso.
Por el precio de una, tienes dos semanas, cada una con su correspondiente fin de semana y con la increible cantidad de días laborables de uno, en su variante más corta, y uno y medio (los viernes "de verdad" no trabajo por la tarde), en su variante larga.
Ayer quería patentar este formato de semana y hacerlo obligatorio para siempre, aunque pensaba que quizá resulta más funcional si los colegios sí que abren los "fines de semana irregulares". De esta forma nos dejarían a los "sufridos padres" disfrutar realmente de nuestro "merecido" tiempo libre.
Sin embargo me surge una pequeña duda: ¿Si esta "semana-con-doble-fin-de-semana" es tan estupenda, por qué tengo la sensación de que no he tenido tiempo de hacer nada, ni en el trabajo, cosa previsible, ni fuera de él? En cierto modo, lo que iba a ser una "semana blanca" (como aquella que se cogían o cogen los estudiantes "modernos" para ir a a la nieve) se ha convertido en una "semana en blanco".
Hoy estoy pensando que la clave está en que el modelo de semana es mejorable: yo (y mis amigos y familiares directos, salvo niños) estaríamos siempre de fin de semana y los demás trabajando, cada uno según su capacidad o necesidad.
Es más divertido el ocio cuando, para los demás, es un día laborable normal.
Por otra parte, esas pequeñas pausas en el ocio para ir a trabajar no le dejan a uno centrarse en lo importante. Por ejemplo, hasta hoy no había encontrado un hueco para escribir este post.
Definitivamente, hasta lo bueno es mejorable. Aunque, si no hay más remedio, estaría dispuesto a probar este modelo unas cuantas semanas más, para ver si le voy cogiendo el tranquillo.
El periodo de prueba podría ser ... ¿desde hoy hasta el final de 2050?
...
Por el precio de una, tienes dos semanas, cada una con su correspondiente fin de semana y con la increible cantidad de días laborables de uno, en su variante más corta, y uno y medio (los viernes "de verdad" no trabajo por la tarde), en su variante larga.
Ayer quería patentar este formato de semana y hacerlo obligatorio para siempre, aunque pensaba que quizá resulta más funcional si los colegios sí que abren los "fines de semana irregulares". De esta forma nos dejarían a los "sufridos padres" disfrutar realmente de nuestro "merecido" tiempo libre.
Sin embargo me surge una pequeña duda: ¿Si esta "semana-con-doble-fin-de-semana" es tan estupenda, por qué tengo la sensación de que no he tenido tiempo de hacer nada, ni en el trabajo, cosa previsible, ni fuera de él? En cierto modo, lo que iba a ser una "semana blanca" (como aquella que se cogían o cogen los estudiantes "modernos" para ir a a la nieve) se ha convertido en una "semana en blanco".
Hoy estoy pensando que la clave está en que el modelo de semana es mejorable: yo (y mis amigos y familiares directos, salvo niños) estaríamos siempre de fin de semana y los demás trabajando, cada uno según su capacidad o necesidad.
Es más divertido el ocio cuando, para los demás, es un día laborable normal.
Por otra parte, esas pequeñas pausas en el ocio para ir a trabajar no le dejan a uno centrarse en lo importante. Por ejemplo, hasta hoy no había encontrado un hueco para escribir este post.
Definitivamente, hasta lo bueno es mejorable. Aunque, si no hay más remedio, estaría dispuesto a probar este modelo unas cuantas semanas más, para ver si le voy cogiendo el tranquillo.
El periodo de prueba podría ser ... ¿desde hoy hasta el final de 2050?
...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)