martes, 24 de abril de 2007
Primavera con una esquina rota
Uno de los mejores casos que recuerdo es uno de Mario Benedetti que se titula "Primavera con una esquina rota". Confieso que no recuerdo gran cosa de lo que cuenta, pero sí que me gustó mucho cuando lo leí (gracias a N. que me lo sugirió y prestó). Por lo tanto, me atrevo a recomendarlo, aunque sin poder dar muchos detalles.
Lo que nunca he olvidado es el título. Me parece que describe, de una forma difícil de mejorar, una sensación que a todos nos asalta de vez en cuando. Como, por ejemplo, hoy mismo.
Resulta que, hace un par de días, había decidido escribir un post sobre la primavera, vitalista, positivo, lleno de ilusión, ... Creo que es sano pensar y escribir de forma optimista de vez en cuando. Probablemente ayuda a ser más feliz.
Todo empezó cuando los pasados días había ido disfrutando esa sensación liberadora que produce el poder vivir con las ventanas abiertas. Especialmente en una ciudad como Madrid, en la que el invierno y el verano son tan hostiles que te obligan a vivir la mayor parte del tiempo con las ventanas y puertas cerradas para protegerte del frío y del calor. En estas pocas semanas de verdadera primavera y algunas del otoño, uno puede dejar las ventanas abiertas, salir a la calle, sentarse al sol, ... sin miedo a congelarse o a asarse. Además, las plantas crecen a toda velocidad y echan flores. Es un gusto estar en la calle o, en mi caso, simplemente en la terraza.
Aunque estés en una gran ciudad, en cierto modo, te llega esa sensación de plenitud y de cercanía con la naturaleza de la que llevan hablando los poetas por lo menos desde el "Beatus ille" de Horacio. Te sientes un poco más cerca de la tierra y más lejos del mundo, algunas veces tan hostil.
Desgraciadamente las cosas, aunque puedan parecer perfectas, casi siempre tienen una "esquina rota" (o varias, algunas veces).
Esta primavera tan luminosa y agradable, también es la época en que se despiertan parte de los fantasmas con los que les ha tocado convivir a algunas de las personas a las que quiero.
Unos son relativamente inofensivos, como la "preocupación estacional" por los kilos de más en la cintura, ahora que uno empieza a imaginarse en bañador.
Otros de esos fantasmas son más difíciles de sobrellevar, como las alergias o la desgana existencial (llámese tristeza, malestar, astenia primaveral, ... depresión). También ellos son los reyes de la temporada.
Quizá somos tan urbanos que ya hemos perdido una parte de nuestra capacidad de disfrutar de la naturaleza sin efectos secundarios o que la cosa no es tan sencilla y, como se empeña en decirme esa sensación de la que os hablaba, la primavera, el verano, el otoño o el invierno casi siempre tienen alguna esquina rota.
Habrá que intentar agarrarse a las que están intactas ¿no?
...
martes, 17 de abril de 2007
Sana envidia
En mi descarga, tengo que decir que, dentro de lo que cabe, siento una variante sana y saludable de la envidia. En lugar de odiar a las personas a las que envidio e intentar que dejen de hacer o de disfrutar aquello por lo que las envidio, lo que hago es admirarlas un poco y, en algunos casos al menos, intentar hacer también yo lo mismo.
Y hablo de hacer, más que de tener. Es verdad que me encantaría tener algunas cosas que tienen otras personas (dinero, casas, coches, trabajos, ... suerte), pero lo que envidio de verdad son las cosas que algunas personas son capaces de hacer a base de su esfuerzo, creatividad o valentía personal.
Por ejemplo, envidio a las personas que escriben novelas o canciones que me gustan. A los que las cantan. A los que hacen películas. A los que pintan. A los que hacen (y conservan) amigos con aparente facilidad. A las personas que saben expresar en cada momento aquello que hace falta. A ...
Pero a las que más envidio (insisto que de manera muy sana) es a las personas más cercanas a mí y que, calladamente a veces, tienen la habilidad, valentía, el humor o la santa paciencia de hacer cosas que a mí me gustaría haber hecho y, por torpeza, cobardía, desgana o falta
de constancia, no he hecho, a pesar de que probablemente eran cosas que estaban a mi alcance.
No hablo, en general, de grandes retos. Hablo de cosas alcanzables, incluso relativamente fáciles.
Hace poco escribía sobre un escritor que conozco y sobre su última novela. Ese es un buen ejemplo de la gente a la que envidio. Gente normal, que podría ser como yo. Alguien que un día se propuso escribir una novela y, en lugar de posponerlo y dejarlo para otro momento en que todo le venga mejor, tuvo la valentía de ponerse hacerlo. Le salió mejor o peor (en este caso bastante bien), pero eso no es lo más importante. Lo que realmente importa es que quería hacerlo, era capaz de hacerlo, aunque requiriera un esfuerzo, y tuvo la osadía de
intentarlo.
Otro buen ejemplo es A. Un día se propuso hacer un blog (tantaka) y, uno detrás de otro, fue escribiendo todo tipo de posts, ácidos o más dulces, tristes o más alegres, más cortos o más largos, ..., divertidos la mayoría y, sobre todo, muy "de verdad". El resultado es muy coherente y, me consta, muy bien valorado por las personas que lo leen.
Confieso que el factor definitivo para hacer este blog fue la envidia de lo que A. había hecho. Hace ya casi dos años yo mismo ya había empezado otro blog que sólo tuvo su post fundacional. Nunca tuvo su continuación, porque la fui posponiendo, dejándola para el día siguiente, hasta que la cosa dejó de tener sentido.
Está vez empecé de nuevo por "sana envidia" y creo que, por esa razón, la cosa va más en serio. Con ésta, ya tengo diez "continuaciones" y estoy empezando a cogerle el gusto ... o a perderle el miedo. No sé cuál es la frase que describe mejor este estado.
Como veis, algunas veces la envidia es sana.
...
miércoles, 11 de abril de 2007
Extraños en un tren
Por si alguno no se acuerda, os la recuerdo.
Se trata de esa historia en la que dos extraños se encuentran en un tren y uno de ellos propone al otro (que en este caso sería yo) cometer un asesinato cruzado. Cada uno de ellos asesinaría a alguien que le molesta al otro y nadie sospecharía de ninguno de ellos. El otro, no se lo toma muy en serio y cree que la cosa ha acabado ahí. Pero un tiempo después descubre (descubro) que la cosa iba en serio y que su interlocutor en el tren era un asesino de verdad.
En el caso de este post, el título sólo es una referencia un tanto cinéfila a una sensación que he tenido varias veces y, en una de las últimas ocasiones, de una forma especialmente intensa. Aunque, hasta ahora, sólo se habían parecido de forma muy remota a la situación de "Extraños en un tren".
Estoy con una persona en una situación relajada y de aparente cordialidad. Podríamos parecer (incluso ser) amigos o, por lo menos, pasar por personas que tienen una relación estrecha entre sí. Si no amigos, al menos viejos conocidos. Detrás de un cristal o vistos a través de una ventanilla de tren daríamos la imagen perfecta.
Sin embargo, debajo de esa apariencia de cordialidad y proximidad, nos comportamos como lo que somos, unos verdaderos extraños que no tienen la valentía necesaria para romper el engaño. Es como si los dos supiéramos que, al deshacer el hechizo creado por esa apariencia de amistad, todo se iría por los suelos y, desnudos de prejuicios y disfraces sociales, no quedaría más remedio que dejar de hablar inmediatamente y marcharnos cada uno por nuestro lado. Quizá sin despedirnos. En el fondo, no tenemos nada que decirnos, ni ganas de hacerlo.
Es una situación muy desagradable. Da frío. Como en la historia, a veces llegas a la conclusión, de que no sabes nada de la otra persona o, al menos, de cómo es ahora.
Con los años, uno aprende a tener ese tipo de relación falsamente cordial con gente con la que sólo tiene una relación muy superficial, muchas veces por trabajo. Supongo que es parte del oficio de hacerse mayor y, en general, no pasa nada. No me afecta mantener esa ficción. Al fin y al cabo, se trata de trayectos muy cortos, de tren de cercanías o de metro.
Cuando te sucede con una persona con la que sí que has compartido muchas cosas y hasta se podría decir que sois amigos, la cosa es diferente. En estos trayectos de largo recorrido, no puedes evitar buscar un culpable, una especie de traidor, algo que lo explique todo.
En tu interior surge la pregunta: ¿quién o qué ha hecho que las cosas dejen de ser como eran?
Al mismo tiempo surgen respuestas y, con ellas, los culpables.
Normalmente tienden a ser el tiempo y la distancia, combinado con amistades tuyas o suyas o estilos de vida incompatibles con el mantenimiento de esa relación. No pasa nada. No hay un culpable claro. Sólo hay una pérdida, la mayor parte de las veces irreparable.
Algunas veces simplemente descubres que no se ha perdido nada. Nunca lo había habido. La amistad nunca ha existido y sólo se trataba de una ficción como la de ahora, pero te ha faltado lucidez para verlo hasta este momento.
Otras veces sí hay un culpable. Un traidor.
Éste es el caso que me ocupa hoy. La última vez que me ha pasado, ha sido él el que se había convertido en un "asesino" o quizá ya lo era cuando nos conocimos en aquel "tren". Él era un extraño cordial, simpático incluso, que parece que creyó que yo era o podía llegar a ser un "asesino", como él.
Yo, al principio, no podía llegar a creer que la cosa fuera en serio, aunque ya entonces empecé a tener muchas dudas. Desde hace algún tiempo, ya no me queda ninguna duda: él era ya un "asesino" (¿sólo en potencia?) ya desde el principio.
Una vez más, estamos en un compartimento de tren y esta vez somos ya, sin ninguna duda para ninguno de los dos, una par de "extraños en un tren". La diferencia es que ahora, ninguno de los dos es inocente. Yo soy más sabio (son las ventajas de la edad y la experiencia). Él se ha puesto en evidencia varias veces después de aquella primera vez. Ya no queda ninguna duda de hasta dónde puede llegar.
Para poder mantener la ficción de cordialidad necesaria para representar esta escena, él no tiene más remedio que desviar la mirada. Se nota que tiene miedo de que sus ojos revelen lo que la
conversación intenta ocultar. Elige las palabras con cuidado y sólo me mira cuando es imprescindible. Nunca de frente. Sabe que es un traidor, el "asesino real" que hacía falta en esta historia. Sobre todo, sabe que sus ojos pueden traicionarlo y hacer que la ficción sea insostenible.
Lo que no sé si sabe es que ya hace mucho tiempo que no me puede ocultar nada. Hace mucho tiempo que sé lo que piensa y hasta dónde puede llegar. Sé que él es el verdadero "asesino" de esta historia. Afortunadamente, nunca, ni por un momento, llegué a creer que fuéramos amigos y hace ya años que no tengo nada que decirle, ni ganas de hacerlo.
Seguimos manteniendo la ficción de la charla cordial una vez más. Pero está claro desde el principio que somos dos "extraños en un tren".
Él quizá sienta el frío en la espalda que dejan estas situaciones. Yo no siento ni frío ni decepción.
Sólo hastío y prisa por salir de este compartimento.
...
miércoles, 4 de abril de 2007
Vuelvo a estar solo
Es el que me ha hecho comprender que vuelvo a estar solo.
La pasada semana tuve un éxito repentino, que, por un momento, me creó una pequeña crisis de identidad editorial al tener que pensar en una audiencia "masiva" de unas veinte visitas en un solo día. Pero ahora todo ha cambiado. Creo que ayer no pasé por aquí más que yo mismo. Y hoy vamos por el mismo camino.
Me consuela pensar que ésta es una semana un tanto rara y algunos de mis posibles visitantes no están en sus casas o puestos de trabajo, pero eso no impide cierta sensación de fracaso. Los suecos, por poner un ejemplo, no han vuelto nunca después de aquella primera visita accidental. Además, ningún visitante ha dejado ningún comentario (reconozco que yo tampoco suelo hacerlo cuando visito otros blogs, aunque me guste o interese lo que leo).
Se supone que yo había hecho este blog para probar y, sobre todo, para mí mismo. El que alguien lo leyera no entraba en mis cálculos iniciales.
Ahora me estoy dando cuenta de que igual sí que quería que alguien lo leyera y que ese era el objetivo último de crearlo. En el fondo, va a resultar que, detrás de nuestra aparente timidez para escribir cosas y hacerlas públicas, lo que hay es un miedo terrible a que no le interesen a nadie y hacer así el ridículo más estrepitoso, que es ofrecer cosas que no le interesan a nadie.
Debe de ser que somos más vanidosos de lo que nos gusta reconocer y que a todos (o a casi todos) nos gusta recibir eso mismo que nos avergüenza un poco cuando lo recibimos de forma muy ostentosa: el "calor del público".
Creo que debería dejar de mirar el contador. Me produce muy mal efecto. Me pongo profundo y aburrido (¿y un poco pedante?).
Lo que sí pienso seguir haciendo es escribir posts para este blog.
Ahora ya es una cuestión de ... principios.
...
martes, 3 de abril de 2007
Por tu cuerpo (un fragmento de Piedra de Sol)
Hace unos días volví a escuchar, en cierto modo de manera casual, una canción que allá por los primeros noventa (¿año 1990 o 1991?) escuchaba todas las semanas y en muy buena compañía. Esa compañía incluía a unos cuantos buenos amigos y amigas y al propio interprete, Luis Pastor, que actuaba todos los jueves en el Café del Foro, en Madrid. Se trata de un local relativamente pequeño, por lo que, aunque estés de pie en la barra, estás al lado del escenario y te sientes, en parte, protagonista de lo que está pasando.
Luis Pastor (http://www.luispastor.com/) no ha sido nunca un cantautor de masas, aunque tuvo cierta popularidad hace ya muchos años. Ya en estos primeros años noventa en que yo lo conocí de cerca era una vieja gloria venida a menos, con la voz un tanto rota y actuando en un local pequeño y no especialmente todas las semanas. Tenía y sigue teniendo ese aspecto de haber bebido o fumado más de lo recomendable y, al mismo tiempo, esa especie de aura mítica que también tienen los Rolling Stones o algunas otras grandes estrellas y que deja muy claro que siguen guardando dentro muchas esencias.
En esos conciertos "en familia", yo esperaba con especial impaciencia a que cantara una canción que, para mí, era el clímax de la actuación. Él siempre la presentaba como una canción basada en un poema de Octavio Paz y que había titulado "Por tu cuerpo". Esta canción es posiblemente una de las más bonitas que he oído.
Busqué durante un tiempo el poema original y, al final, descubrí que la parte musicada por Luis Pastor es una parte mínima de un enorme poema titulado "Piedra de Sol". Los primeros versos de ese poema, por si alguien quiere buscarlo, son:
"Piedra de Sol" (Fragmentos)
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo, (...)
La parte que Luis Pastor convirtió en la canción "Por tu cuerpo" es la siguiente:
voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,
vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño en esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,
tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,
voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina,
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas, (...)
Aunque no es exactamente la misma versión que yo recuerdo (la de mis recuerdos se parece más a la del directo grabado en Mérida, que no encuentro por ningún sitio, salvo en mi casa), podéis escucharla aquí:
Quince o dieciséis años después, al volver a escucharla, he comprobado que sigue pareciéndome una canción muy especial. Probablemente porque los versos de Octavio Paz también son muy especiales.
O quizá es que no he cambiado tanto como parece en estos años ...
....
jueves, 29 de marzo de 2007
Los suecos y otras hierbas o mentiras estadísticas
En primer lugar tengo que decir que estoy muy celoso. Los suecos han vuelto a visitar el blog de A., pero no parece que hayan vuelto por el mío después del accidental éxito del pasado lunes. Aunque lo sospechaba, esto está confirmando que mi éxito de público del lunes no fue más que un accidente y que, si quiero seguir teniendo lectores, tendré que ganármelos.
Pero, yendo al grano, os explicaré como llegaron los suecos a nuestras vidas.
Todo empezó cuando A. puso en su blog un contador de accesos. Se trata de una herramienta de www.webstats4u.com, que, además de contar cuántas veces ha sido visitada tu página, te informa del propietario del dominio desde el que te han visitado.
En general se trataba de nombres de proveedores de acceso previsibles (Telefónica, Ya.com, ...) pero, de repente, comenzó a aparecer con insistencia una línea que ponía “Ericsson Sverige AB, Suecia”. No se trata de una visita accidental, ni mucho menos. Prácticamente todos los días pasa por ahí. A veces hasta más de una vez. Incluso el pasado día 26, el día de mi éxito mediático, yo también recibí unas visitas desde ese origen (se puede ver pulsando aquí )
Por un momento llegamos a creer que efectivamente había un sueco o sueca enganchado al blog y que ya tenía una proyección global, usando esa palabra que ahora está tan de moda. Ahora yo tiendo a pensar que se trata de alguien conocido que, probablemente sin saberlo, llega desde una IP registrada a nombre de Ericsson Suecia, pero utilizada o revendida desde España por algún proveedor local de ADSL o cable.
Es una pena desmitificar de esa forma las cosas porque, por un momento, fue bonito pensar que uno podía tener seguidores en todo el mundo, desconocidos y hasta exóticos. Pero me temo que no es probable que sea así. (El otro día dije que iba a intentar no romper mitos y ya estoy intentando echar uno por tierra. Lo mío no tiene arreglo.)
Otra cosa es que, por casualidad, llegue alguien desde Malasia o Estados Unidos, como me ha pasado a mí, y que no vuelva nunca. Eso sí que es posible y hasta probable. De hecho, la exótica estadística actual de visitas a este blog dice que el 92.5 % de las visitas procede de España, cosa previsible, pero en segunda posición, y empatados a accesos, están Estados Unidos y Suecia (con el 3%) y en último lugar Malasia (con el 1,5 %).
Aunque lo intente, no me puedo creer que haya muchas posibilidades de que la parte internacional siga ahí cuando pase de los 1.000 accesos acumulados, salvo accidentes o caprichos estadísticos.
Con la casualidad nunca se sabe ...
...
martes, 27 de marzo de 2007
El vértigo de la fama
Alguien que yo conozco muy de cerca (no os doy más pistas, porque todos sabéis ya quién es) me ha citado ayer en su blog, incluyendo un tentador enlace de esos que uno pincha casi sin querer.
De un plumazo y, sin estar preparado para tanto éxito, he heredado su público, incluyendo los famosos “suecos”. La diferencia entre el antes y el después es espectacular: he pasado de tener una media de dos visitas al día (casi siempre las dos mías) a nueve visitas en el día de ayer (ninguna mía).
Estoy casi seguro, y casi lo espero, de que ha sido una moda pasajera y casi nadie volverá a pasar por aquí, pero no puedo evitar sentir cierto pudor o miedo escénico. Todavía no había decidido si lo de este blog iba en serio o no y, de repente, me encuentro con que tengo un público al que no debería defraudar, especialmente si quiero mantenerlo (confieso que también tiene su parte buena eso de que alguien se lea los posts que escribo).
Estoy en una encrucijada y barajo diferentes posibilidades en esta nueva etapa “orientada al gran público”.
La primera tentación es inclinarme por una programación más comercial. Hablo de contar chascarrillos y anécdotas, a ser posible divertidas. Confieso que me encanta leer ese tipo de cosas y seguro que iba a ser bien recibido por mi público heredado.
Otra opción que había estado barajando era la de girar hacia un tono más intimista (incluso poético). Antes de este repentino éxito había pensado hablar de un poema de Octavio Paz que Luis Pastor convirtió en una canción y que siempre me ha gustado muchísimo. Este tipo de “efusiones” me da un poco de pudor ahora que corro el riesgo de que alguien lo lea y tendré que pensarlo un poco mejor.
Lo malo de las dos opciones anteriores es que pueden acabar con mi imagen de chico serio y un poco soso, que llevo años cuidando. La verdad es que no me importa por “los suecos”, pero alguno de mis nuevos y probablemente efímeros visitantes son personas que me conocen, incluso aprecian, desde hace años y tampoco debería defraudar sus expectativas. Al fin y al cabo, uno también se debe a la imagen que sus amigos tienen de él. No quisiera ser uno más de esos mitos que se nos van cayendo en los últimos tiempos.
Por eso me tienta la idea de hacer notas asépticas y más o menos serias sobre los libros que he leído, las cosas que he visto en la tele, las películas de las que oigo hablar (lo de ir al cine es una utopía por el momento), ...
Probablemente no haré ninguna de las tres cosas o, mejor dicho, haré las tres, mezcladas con cualquier otra cosa que se me vaya ocurriendo.
Definitivamente, creo que voy a ir haciendo cada vez lo que me apetezca, incluso no hacer nada si no me apetece. Al fin y al cabo, para eso creé este blog, para hablar de lo que me apeteciera, siempre que no fuera trabajo, y no puedo dejarme influir por el éxito o fracaso de audiencia en una fase “tan prometedora” a la par que incipiente de mi carrera.
En cualquier caso, gracias por haber pasado por aquí, especialmente a los que volváis a hacerlo. Confieso que me ha hecho un poco de ilusión.
(Por cierto, un día os cuento lo de los “suecos”)
...
lunes, 19 de marzo de 2007
He leído el libro
Cuando lees algo de un autor "remoto", aunque lo admires, si una de sus obras defrauda tus expectativas, te ahorras el mal trago de tener que contárselo al autor.
En este caso que me ocupa estos días, la novela no está mal. Simplemente me ha gustado menos que la anterior y no sé cómo decírselo al autor para que no se sienta ofendido.
¿Será mejor mentir? ¿Será éste uno de esos casos en que la verdad es incompatible con la felicidad de las personas a quienes afecta?
Al fin y al cabo, tampoco es una verdad con mayúsculas. Es sólo una opinión personal y, quizás, errónea.
Tendré que pensarlo un poco antes de tomar una decisión definitiva.
...
miércoles, 14 de marzo de 2007
Me han regalado un libro
Lo mejor de todo es que está escrita por él.
Es la segunda que publica y la segunda que me regala, por lo que voy camino de tener sus obras completas sin pagar un duro. De todas formas, lo más importante no es que no haya pagado nada por los libros. Lo bueno del asunto es que se trata de novelas escritas por una persona a la que conozco y, aunque no se puede decir que seamos amigos, sí que aprecio, especialmente desde que conozco su faceta de novelista.
Es un placer muy especial leer novelas o historias escritas por personas que conoces personalmente y a las que conoces por otra faceta. Me ha pasado ya con varios autores (novelistas, ensayistas, algún poeta, ...) y algún día igual os cuento quiénes son y hasta dedico un capítulo a cada uno de ellos. Hoy sólo quiero hablar de la sensación de "realidad" que me produce leer obras impresas y encuadernadas de personas que sé fehacientemente que son reales: que comen y se pasean como yo puedo hacerlo, que tienen otros trabajos distintos del de escribir, ... Me transmiten la sensación de que es posible intentarlo. De que la creación literaria o artística no es incompatible con ser alguien "normal".
Reconozco que siento envidia (sana). Especialmente, como en este caso, si lo que leo, además de ser de alguien que conozco, me gusta.
En cierto modo, vale doble.
...
lunes, 12 de marzo de 2007
Es lunes
Había pensado en escribir sobre varios temas: de la muerte de los seres queridos, que es un tema que me ha tocado de cerca la pasada semana, de una historia o argumento de cuento que nació y murio en mí en unas pocas horas tras observar un paisaje, de la primavera, de ... y sólo puedo escribir de que es lunes y de que no tengo tiempo de hacer en serio lo que de verdad me apetece.
Otro día será, ...
...